Siempre hay una primera vez para todo, aún para las cosas no tan importantes. Recuerdo la primera vez que me topé con la palabra “friendly” en inglés, es decir, “amigable”. Estaba decidiendo qué cámara de fotos comprar, y la crónica de un sitio de Internet mencionaba que determinada marca era más “friendly” que otra. No recuerdo exactamente la fecha, pero seguramente no fue muchos años atrás.
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